
La realeza del mundo de los lepidópteros debía de ser una criatura fascinante y así es. La belleza de este delicado insecto salta a la vista, igual que su tamaño, que es uno de los mayores de entre las especies de mariposas y polillas que encontramos en la península, con una envergadura de hasta 10 cm..

Pero seguramente es merecedora de su corona por las grandes migraciones que protagoniza, especialmente en el continente americano. Grandes tanto por el número de ejemplares que las lleva a cabo como por las enormes distancias que son capaces de desplazarse.

En concreto, la casi totalidad de mariposas monarca que vive en norteamérica lo hace al este de las Montañas Rocosas y cada año recorren unos 4000 kilómetros para hibernar en los templados bosques del centro de Méjico.
Se trata de uno de los mayores espectáculos migratorios del planeta y por ello estos lugares pertenecen a la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, que a su vez fue declarada en 2008 por la UNESCO Patrimonio de la humanidad.

Este hecho tiene además asociada una circunstancia insólita. Mientras la esperanza de vida de la Mariposa Monarca no suele superar el mes, los individuos que nacen hacia el final del verano viven lo suficiente para hacer tanto el viaje de ida hasta Méjico, como el de vuelta. Esta generación «Matusalén» podrá llegar a los 9 meses de vida.

En la actualidad, la población mundial de la este magnífico ser vivo está en alarmante retroceso. El número total de ejemplares de norteamérica ha descendido entre un 80% y un 99% desde 1980, dependiendo de si hablamos de las poblaciones orientales u occidentales.

Las causas principales han sido el uso masivo de herbicidas e insecticidas, así como la disminución de sus ecosistemas, y en concreto del algodoncillo o asclepia; única planta de la que se alimenta la oruga de la Mariposa Monarca.


Las fotos corresponden a ejemplares macho y fueron tomadas en agosto de 2020 a las orillas del embalse de Béznar (Granada).
