
Estamos ante otra joya endémica que solamente existe dentro de nuestras fronteras. La Genciana de primavera crece en pastizales y borreguiles de Sierra Nevada y la Sierra de Baza a partir de los 1700 msnm y en ninguna otra parte del planeta.

No es de extrañar por tanto, que con un hábitat tan reducido, sea altamente susceptible a cualquier alteración del mismo. Por ello está incluida como «vulnerable» en la Lista roja de la flora vascular española y andaluza, así como en el Catálogo de plantas amenazadas de Andalucía.

En realidad es la unión de varios factores los que han hecho peligrar su existencia, sobre todo a partir de las últimas décadas. Por un lado el significativo incremento del turismo de montaña, asociado en su mayor parte a la práctica del esquí y la alteración o construcción de infraestructuras para ello. Pero sobre todo el sobrepastoreo.


El problema en sí es más complejo. Los efectos del cambio climático se hacen notar muy especialmente en las cada vez más escasas precipitaciones, que han provocado, según la AEMET, que en las últimas 4 décadas el verano climatológico se haya alargado en cinco semanas. Por buena lógica esto afecta directamente a los lugares de pastos tradicionales, debiendo de buscar alternativas de pastoreo en la época estival, y las altas cumbres que almacenan buena parte de las nieves del invierno suelen ser las opciones más viables.


Incluso otra de nuestras joyas endémicas, como la cabra montés, que tiene en el extenso macizo rocoso de Sierra Nevada uno de sus más importantes reductos, se ve en la misma tesitura que el ganado tradicional.
Todo ello ha empezado a alertar sobre el deterioro de los borreguiles de Sierra Nevada, que no sólo son el hábitat de Gentiana sierrae, sino de un elevado número de endemismos botánicos.

Las fotografías se tomaros en el Parque Nacional de Sierra Nevada, a una altitud de entre 2000 y 2500 msnm en las cercanías del pico del Caballo.

