
La ley más importante de la naturaleza es comer y no ser comido. Pero en este juego de la vida no todos nacen con las mismas oportunidades. Mientras unos lo hacen con garras, colmillos, afilados picos o una fuerza extraordinaria, otros están predestinados a servir de alimento a los primeros.

El conejo encabeza el grupo de los segundos, siendo alimento de rapaces, zorros, felinos, comadrejas y hasta de jabalíes, además del propio hombre. Tanto, que la presencia de este mamífero suele ser indicativo de la buena salud de la fauna donde habita.

Con tantos y tan cualificados predadores al acecho, la supervivencia de la especie pasa por su gran capacidad reproductiva. Pero en ausencia de ellos las poblaciones de conejos crecen sin medida pudiendo ocasionar muy serios daños en su entorno. Esto mismo es lo que ocurrió cuando se introdujo de forma artificial en Australia, originando una auténtica catástrofe ecológica.

Es obvio que la idea de introducir un animal exótico de la capacidad reproductiva del conejo en un hábitat totalmente diferente al suyo, no parece muy bien pensada. Pero la solución que se puso en práctica hacia mitad del siglo pasado para el control de su población, tampoco parece que se midió adecuadamente a tenor de los resultados.

La mixomatosis, enfermedad mortal para el conejo, se introdujo también de forma artificial, primero en Australia, pero después en Francia, desde donde se extendió rápidamente a toda Europa. Esto diezmó en muy pocos años la población del conejo allí donde era una plaga, pero también donde era sustento de una amplia variedad de fauna.

Así, al tiempo que desaparecía el conejo, también lo hacía por ejemplo gran parte de la población de águila imperial ibérica o de lince ibérico, cuya dieta se basa en el conejo, llevándolo al borde de la extinción. Además, la presión cinegética de caza menor en España se enfocó el la perdiz roja, causando un daño sobre esta ave que aún hoy está por revertirse.

Desde entonces, el conejo no ha vuelto a levantar cabeza, porque cuando parecía recuperarse de la mixomatosis apareció la plaga de la hemorragia vírica, que aunque menos virulenta, lo volvió a diezmar. Allí donde lo ha hecho ha sido solamente gracias a repoblaciones con ejemplares vacunados de estas dos afecciones.

Más de 70 años después, las consecuencias de la mixomatosis aun hoy están por determinar. En 2018 aparecía una nueva cepa de este virus que ataca a la liebre ibérica, extendiéndose rápidamente a la casi totalidad de la península. Y aunque se están tomando medidas para el control de esta nueva enfermedad, todavía es pronto para conocer el alcance que puede llegar a tomar.

Las fotografías están tomadas en las cercanías del río Islafada (Granada).










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