
Si bien las orquídeas se caracterizan por su exuberancia y diversidad de formas y colorido que generalmente imitan e invitan a los insectos para acercarse a ellas, esta especie silvestre es de las más vistosas y espectaculares que podemos encontrar en la península ibérica. Crece en claros de bosques, pastizales o incluso al borde de caminos, siendo imposible que pase desapercibida precisamente por su gran tamaño, ya que no es extraño que sobrepase el medio metro de altura.

Florece de febrero a abril y las inflorescencias pueden presentar un colorido variable de unos ejemplares a otros, desde casi blanco a un violeta intenso, formando espigas densas de unos 25 cm que son visibles a una distancia considerable.

Se distribuye por todo el mediterráneo, principalmente en lugares cálidos y húmedos, y aunque es relativamente abundante en comparación con otras especies de su familia las orquidáceas, como la mayoría de ellas está en situación vulnerable debido a la dificultad que tienen para reproducirse estas bulbosas.

También es altamente dependiente del tipo de terreno en el que se puede encontrar, prefiriendo los suelos calizos y garrigas. Pero esta circunstancia ha favorecido su conservación, al igual que la de muchas de estas orquídeas silvestres, pues desde la década de los 80, las autonomías han venido creando microrreservas de flora, que son zonas de una extensión no superior a 20 hectáreas destinadas a la conservación de especies botánicas raras, endémicas o amenazadas.

Las fotografías se tomaron en el mes de marzo en El Valle de Lecrín (Granada).

