
Los gladiolos son plantas muy apreciadas y difundidas desde antaño por la belleza de sus flores, que brotan de largos y espigados tallos. Su nombre proviene de los romanos, haciendo referencia a las hojas en forma de espada romana (gladius) y a que la flor del gladiolo era entregada a los gladiadores victoriosos en señal de triunfo.

En la península ibérica podemos encontrar dos especies de gladiolos silvestres, muy similares en apariencia, pero con particularidades que hace que hablemos de especies distintas. Por un lado Gladiolus italicus, que puede alcanzar 120 cm de altura con un número de flores de 9 a 12 en cada tallo y anteras más largas que los filamentos. Por otro, el más común y abundante el Gladiolus illyricus o Gladiolus communis, de menor número de flores por tallo y una altura que no suele superar los 90 cm, hojas ligeramente más estrechas y filamentos más largos.


Se los encuentra habitualmente en lugares de cultivo, pastizales, roquedos o bordes de caminos, distribuida por la cuenca mediterránea hasta Asia.

El gladiolo silvestre florece de abril a junio y sus flores se recolectan a menudo en Semana Santa o para decorar altares. Pero los bulbos de este lirio también son buscados por los jabalíes y eran recogidos para alimentar a los marranos. Incluso en tiempos de Carlo Magno se cultivaba por sus propiedades. Como «mala hierba» que es no tiene desperdicio.


Las fotografías se tomaron entre finales de marzo a principios de mayo en El Valle de Lecrín (Granada) y el mes de abril en El Valle del río Genal (Málaga).

