Ésta es una de las mariposas más grandes y llamativas que vuelan en la península ibérica, llegando hasta los 75 mm de envergadura alar.

Los machos son territoriales y se disputan entre ellos la hegemonía de su espacio. Por ello es difícil encontrar a más de uno ocupando el mismo territorio y frecuente verlos maltrechos con un visible deterioro de las alas y sobre todo de las colas características de esta especie.

También se la llama Podalirio ibérica, y es que durante mucho tiempo se ha debatido sobre si era una especie por si misma de localización exclusiva en la península y norte de África, o solamente una subespecie de Iphiclides podalirius , presente en gran parte de la región paleártica.

En realidad, las diferencias a primera vista son muy poco evidentes, más allá de que feisthamelii es de una coloración más blanquecina, por una más amarillenta de podalirius, y de que la tercera de las franjas negras de las alas anteriores en podalirius termina en punta mientras que en feisthamenii termina aplanada.

En 2019, investigadores del Institut Cavanilles y del Museu de la Universitat de València d’Història Natura, demostraron que se trata de especies diferentes. Uno de los descubrimientos más sorprendentes y reveladores al respecto fue que los machos de ambas especies tienen diferencias en el espectro de luz ultravioleta que es detectado por las hembras, de tal modo que son seleccionados por éstas. Eso explica también la no detección de linajes híbridos de ambas, que era uno de los factores que hacía pensar que se trataba efectivamente de especies distintas.

Nos puede parecer que estas son discusiones banales de biólogos, pero en realidad tienen más relevancia de la aparente. En boca de Sergio Montagud, investigador del Museu de la Universitat de València d’Història Natural: «El hecho de que la mariposa podalirio de la península Ibérica y norte de África sea finalmente una especie diferente obliga a las administraciones de gestión del territorio y patrimonio natural a tomar unas medidas determinadas”.

Y añade: “La especie ya no es de distribución europea generalizada, sino que se trata de un taxón de localización más restringida, cuya conservación exclusiva recae en las administraciones española y portuguesa, en el ámbito europeo. Al tratarse de una especie de entornos rurales y urbanos, cuya larva se alimenta de hojas de árboles frutales sin llegar a convertirse en plaga de los mismos, el empleo extendido de pesticidas, fumigaciones y tratamientos abusivos ponen en riesgo la presencia de esta especie en nuestro entorno. Su continuidad como especie propia es responsabilidad, ahora más que nunca, de nuestras propias administraciones”.

Sólo queda que esto se plasme en medidas, ya que solamente la educación y concienciación de los efectos dañinos de insecticidas y pesticidas no parece ser suficiente. Así mismo también parece cada vez más necesario la investigación en métodos de control de plagas de un espectro menor, más específicos y menos devastadores, dado que nuestro sustento está en juego y la bonanza de los huertos y del campo en general tampoco pasa por su mejor momento.

Las fotografías se tomaron en el Valle de Lecrín (Granada), márgenes del río Islafada (Granada) y Valle del Genal (Málaga), desde finales de febrero hasta finales de agosto.





