Se trata del ofidio de mayor tamaño de toda Europa llegando hasta los dos metros y medio de longitud, si bien lo normal es que ronde entre el metro y medio y los dos metros.

Su área de distribución es típicamente mediterránea, pues es una especie termófila cuya temperatura corporal debe estar entre 28 y 32ºC y por ello gusta de ambientes cálidos. Ésta es precisamente una de las principales causas de mortalidad de la también llamada culebra de Montpellier. Por un lado, encuentra en el recalentado asfalto un buen medio para mantener esa temperatura corporal ideal, por lo que con frecuencia muere atropellada en las carreteras. Por otro, al necesitar del calor del sol es de hábitos diurnos y por su tamaño no suele pasar desapercibida, además de producir temor, siendo muchas veces objeto de persecución.

Es de una coloración variable, más uniforme de adulta cuando toma tonos entre verdosos y pardo grisáceos. Es muy particular su mirada «amenazante» que le dan las escamas que sobresalen encima de los ojos a modo de ceja.

Es también característica una mancha más oscura en el tercio anterior del dorso, que recibe el nombre de «silla de montar». E igualmente representativa su posición con la cabeza erguida cuando se siente amenazada, al estilo de las cobras, emitiendo un siseo para persuadir a su posible agresor.

Si bien se trata de una culebra venenosa, no es peligrosa para los humanos por dos razones. La primera es que su veneno no es potente y no provoca daños mayores a los de inflamación y a lo sumo parálisis localizada temporal. Por otro lado es una especie opistoglifa, esto es, tiene los dientes inoculadores del veneno en la parte posterior de la mandíbula superior y por tanto sumamente difícil poder llegar con ellos a una persona. Los raros casos de mordedura de este reptil se dan generalmente por imprudencias como meter el dedo dentro de su boca.
Está protegida en Europa por la Convención de Berna de 1982.
Es carnívora, predando sobre otros reptiles, aves o pequeños mamíferos, principalmente roedores. Por ello se considera una especie beneficiosa para el campo, ya que elimina un gran número de ratones e incluso ratas de gran tamaño como se aprecia en las siguientes fotos tomadas con el móvil, en un episodio que pude contemplar.


A pesar de mi presencia cercana la serpiente no soltó a su víctima, una rata de buenas dimensiones, hasta haberse asegurado de que estaba muerta. Entonces, de un salto se encaramó a un balate de piedras de más de dos metros, más o menos la longitud del ejemplar, para esconderse entre la vegetación. En un primer momento abandonó a su víctima en el lugar, que sin embargo había desaparecido al cabo del rato.

Las fotografías se tomaron cerca del río Islafada y Valle de Lecrín (Granada) en los meses de marzo, mayo y julio.
