A pesar de su apariencia amenazadora, la culebra viperina es del todo inofensiva para el ser humano. Es precisamente ésta su principal defensa, pues imita en forma y colorido a las víboras, aunque carece totalmente de veneno ni de dientes con los que poder ocasionar daño alguno. Es de cuerpo robusto y cola corta, con la cabeza triangular como las víboras. Los ojos adelantados y manchas dorsales en zigzag como las auténticas víperas.

Los detalles que la delatan son placas en la parte frontal de la cabeza, en lugar de tener ésta cubierta totalmente por escamas como las víboras, pero la diferencia más notable son ojos redondos y negros dentro de un círculo anaranjado, nunca rasgados y amarillos como las especies venenosas a las que se asemeja.

Es de un tamaño mediano. Aunque se han documentado ejemplares que llegaban al metro y medio, esto el del todo inusual y lo normal es que de adulto pueda medir entre los 50 y 70 cm de longitud, siendo las hembras ligeramente mayores que los machos.

También se la llama culebra de agua, pues siempre se la encuentra cerca de ésta, ya sea en arroyos, ríos, pantanos o incluso la costa, pues soporta la salobridad. El motivo es que se alimenta básicamente de peces y anfibios como ranas o renacuajos, aunque también de algún invertebrado como lombrices.

Es propia del Mediterráneo occidental y en la península está ampliamente distribuida en casi todos los lugares donde puede encontrar agua, a excepción de ciertas zonas de Asturias y Galicia. No es una especie amenazada pero sí protegida y el mayor peligro al que se enfrenta es la degradación de los ecosistemas donde habita, sobre todo la contaminación acuífera.

Las fotografías se tomaron en EL Valle de Lecrín (Granada) y El Valle del Genal (Málaga).
