
Mantis religiosa es el nombre científico de este insecto famoso por ser dado al canibalismo, aunque no exactamente por los motivos que todos tenemos en mente. De hecho, que la hembra devore al macho durante o después de la cópula es un hecho que sólo se produce un veinte por ciento de las ocasiones, si bien es más común entre ejemplares en cautividad.

La hembra de la mantis, de mayor tamaño que el macho, puede comerse a éste por dos motivos. Bien porque esté hambrienta o bien porque el macho la irrite. Por eso el cortejo se convierte en una cuestión de vida o muerte en el más estricto sentido de la expresión.

De cualquiera de las maneras, comerse al macho no es un acto fútil para la hembra, ya que éste le proporciona un importante aporte de aminoácidos que pasan a los huevos. Incluso hay estudios que aseguran que las puestas llegan a doblarse en número, siendo por lo general de más de doscientos huevos.

Con puestas tan numerosas es evidente que la mayoría están condenados a no sobrevivir. Es de hecho este momento en el que los juveniles recurren al canibalismo para subsistir de una manera más recurrente que de adultos.

La mantis religiosa es una consumada depredadora, acechando a sus presas en la conocida posición con las patas delanteras encogidas, en la que parece que está rezando y que da nombre a la especie.

Se alimenta principalmente de otros insectos, pero es también capaz de cazar ranas, ratones e incluso aves de pequeño tamaño como colibríes, a los que sujeta con sus potentes patas delanteras mientras empieza a devorarlas, en la mayoría de las ocasiones, cuando aun están vivas.

De adulto puede ser de diferentes colores, pues al igual que Mantis palo (Empusa pennata) y otras especies de Mantis, la coloración que toma de adulto la determina el medio en el que se encuentra durante la última muda.

También merece una mención especial la extraordinaria capacidad de visión de este peculiar ser vivo. Para empezar es el único insecto con visión en tres dimensiones, algo realmente prodigioso teniendo en cuenta que para los humanos esto es posible gracias a complejos procesos neuronales, en los que el cerebro procesa la información para hacer una reconstrucción de la imagen. Pero ésto es algo que las mantis son capaces de hacer con 100.000 veces menos neuronas que nosotros.

Se ayudan de un par de ojos compuestos y otros tres simples situados entre ellos. En los ojos compuestos destaca un punto negro que no son en realidad pupilas puesto que no les sirve para enfocar la visión. Son receptores que absorben todas las longitudes de onda de la luz y por eso son negros, mientras que alrededor de estos puntos tienen miles de otros receptores de luz de longitudes de onda específicas.

Las fotografías se tomaron en El Parque Natural de Sierra Nevada (Granada) y en El Valle del río Genal (Málaga).
